Introducción
En 1988, el lingüista y activista Noam Chomsky y el economista Edward S. Herman publicaron Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media, un libro que cambiaría para siempre la forma de entender los medios de comunicación en las sociedades capitalistas. Su tesis central es tan provocadora como sólida: en lugar de ser defensoras de la verdad y la democracia, las grandes corporaciones mediáticas funcionan como un sistema de propaganda que fabrica el consentimiento público moldeando la información al servicio de las élites económicas y políticas. Lejos de la teoría conspirativa, Chomsky y Herman demostraron que se trata de un proceso estructural: no hacen falta conspiraciones ocultas cuando el propio sistema de mercado filtra la información. Este artículo explora el modelo de propaganda, sus cinco filtros, y por qué sigue siendo más relevante que nunca en la era de la desinformación digital.
Chomsky y Herman: dos miradas, un mismo diagnóstico
¿Quiénes eran?
Noam Chomsky (1928) es uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX. Profesor del MIT, revolucionó la lingüística con su teoría de la gramática generativa, pero es igualmente conocido por su incansable activismo y su crítica al imperialismo estadounidense. Su obra política abarca desde American Power and the New Mandarins hasta Hegemony or Survival.
Edward S. Herman (1925–2017) fue un economista y analista mediático que estudió la relación entre el poder corporativo y los medios. Antes de coescribir Manufacturing Consent, Herman ya había investigado el papel de los medios en la cobertura de violaciones de derechos humanos, demostrando que los abusos cometidos por enemigos de Estados Unidos recibían una atención desproporcionada frente a los cometidos por sus aliados.
Juntos desarrollaron el modelo de propaganda, una herramienta analítica para comprender cómo los medios de las democracias capitalistas —sin censura explícita ni coerción estatal— producen sistemáticamente una narrativa favorable al statu quo.
La pregunta fundamental
La pregunta que impulsa Manufacturing Consent es engañosamente simple: si los medios de comunicación en las democracias occidentales son formalmente libres e independientes, ¿por qué su cobertura se alinea tan consistentemente con los intereses del poder establecido? La respuesta de Chomsky y Herman es que la libertad formal de los medios coexiste con un sistema de filtros estructurales que determinan qué información llega al público y, más importante aún, qué información queda excluida.
Los cinco filtros del modelo de propaganda
Primer filtro: concentración de la propiedad
Los grandes medios pertenecen a enormes corporaciones que, a su vez, forman parte de conglomerados aún mayores. En 1983, cuando se publicó la primera edición del libro, cincuenta corporaciones dominaban el panorama mediático estadounidense. Para 2015, ese número se había reducido a seis: Comcast, Disney, News Corp, Time Warner, ViacomCBS y AT&T.
Esta concentración tiene consecuencias directas sobre el contenido: los propietarios de los medios tienen intereses comerciales y políticos que no desean ver dañados. Una cadena de televisión propiedad de un conglomerado con inversiones en el sector energético no investigará con profundidad los abusos de ese mismo sector. No por una orden explícita, sino porque los mecanismos de selección de personal, asignación de presupuestos y jerarquía editorial filtran naturalmente las historias que perjudican los intereses corporativos.
Segundo filtro: la publicidad como fuente de ingresos
Los medios no venden información a los lectores: venden audiencias a los anunciantes. Un periódico que depende de la publicidad para sobrevivir debe mantener un entorno publicitario favorable, lo que significa evitar contenidos que puedan ofender a grandes anunciantes o crear un clima de consumo negativo.
Chomsky y Herman señalan que este filtro es más sutil que el primero: no hace falta que un anunciante llame al director para protestar. Los departamentos de marketing detectan qué contenidos generan incomodidad entre los anunciantes y ajustan las líneas editoriales en consecuencia. El resultado es un periodismo que evita sistemáticamente cuestionar el modelo de consumo y la estructura económica que lo sostiene.
Tercer filtro: las fuentes de información
Los medios necesitan un flujo constante y predecible de información. Las fuentes más fiables y económicas son las que proporcionan los gobiernos y las grandes corporaciones: ruedas de prensa, comunicados oficiales, informes filtrados. Un periodista que investiga por su cuenta necesita tiempo y recursos; un periodista que reproduce un comunicado de la Casa Blanca no.
Este desequilibrio crea una dependencia estructural: los medios cubren las noticias desde el marco que definen las fuentes oficiales. Cuando ambas partes en un conflicto son tratadas con el mismo escepticismo formal pero las fuentes de una de ellas tienen acceso institucional a los medios, el resultado es un sesgo sistemático. Herman y Chomsky lo llaman el «sesgo de los que están en el poder».
Cuarto filtro: el «flak» o las reacciones disciplinarias
El flak es cualquier forma de ataque o presión dirigida contra periodistas o medios que se desvían de la línea aceptable. Puede manifestarse como amenazas legales, campañas de desprestigio, presión política de congresistas, cartas al director orquestadas, o simplemente la exclusión de fuentes privilegiadas.
Los medios que desafían sistemáticamente el statu quo aprenden por las malas que el coste de hacerlo es alto. Las organizaciones de vigilancia mediática, los think tanks financiados por corporaciones y los políticos afines al poder económico se encargan de disciplinar a los transgresores. El efecto neto es que la mayoría de los periodistas interiorizan los límites de lo «publicable» y se autocensuran para evitar represalias.
Quinto filtro: el anticomunismo como ideología de control
En la edición original de 1988, el quinto filtro era el anticomunismo: una ideología movilizadora que servía para marginar cualquier crítica al sistema capitalista tachándola de «comunista» o «antiamericana». Tras la caída de la Unión Soviética, este filtro evolucionó hacia formas más amplias: la «guerra contra el terrorismo», la defensa de la «democracia liberal» y, más recientemente, el combate contra los «populismos» y las «injerencias extranjeras».
El mecanismo es siempre el mismo: se define un enemigo o una amenaza existencial contra la cual todo debate debe suspenderse. Quien cuestiona la narrativa oficial es automáticamente excluido del debate respetable. Este filtro sigue plenamente operativo, adaptado a las nuevas amenazas de cada época.
La aplicación del modelo: dos casos emblemáticos
Chomsky y Herman analizaron en detalle dos casos históricos para demostrar la validez de su modelo:
El genocidio de Camboya (1975–1979): la cobertura mediática fue masiva y sostenida, condenando sin matices al régimen de Pol Pot. Un caso de asesinato masivo cometido por un enemigo de Estados Unidos merecía una atención constante.
El genocidio de Timor Oriental (1975–1999): la invasión indonesia y la consecuente muerte de más de 200.000 personas recibieron una cobertura mínima y envuelta en matices. Indonesia era un aliado estratégico de Estados Unidos en el Sudeste Asiático.
La diferencia no estaba en la magnitud de los crímenes, sino en la relación geopolítica de los perpetradores con Washington. El modelo de propaganda predecía exactamente este patrón: los crímenes de los enemigos se cubren con horror; los crímenes de los aliados se minimizan, justifican o simplemente se ignoran.
La vigencia del modelo en la era digital
¿Siguen funcionando los filtros en internet?
Una crítica frecuente al modelo de propaganda es que fue desarrollado antes de la explosión de internet, las redes sociales y los medios alternativos. ¿Sigue siendo válido en un ecosistema donde cualquiera puede publicar?
La respuesta de los propios autores y de los analistas que han actualizado el modelo es que los filtros no solo siguen operativos, sino que se han intensificado en algunos aspectos:
- La propiedad está aún más concentrada. Las seis grandes corporaciones de 2015 se han fusionado aún más. El poder de plataformas como Google, Meta y Amazon en la distribución de información es mayor que el que jamás tuvo ningún periódico.
- La publicidad se ha vuelto aún más central: el modelo de negocio de las plataformas digitales se basa enteramente en la extracción de datos y la venta de audiencias segmentadas.
- Las fuentes siguen dominadas por las instituciones oficiales, pero ahora se suman los algoritmos que deciden qué información es «relevante».
- El flak se ha multiplicado con las campañas de acoso digital organizadas.
- El quinto filtro ha mutado hacia la lucha contra la «desinformación», concepto que, siendo real, también se utiliza para desacreditar voces críticas.
Lo que no existía en 1988 es la capacidad de los medios alternativos para sortear los filtros. Sin embargo, estos medios siguen siendo marginales en términos de alcance y financiación, y el ecosistema digital está cada vez más dominado por las mismas corporaciones que controlaban los medios tradicionales.
Conexión con la serie Geopolítica del Control
El modelo de propaganda de Chomsky y Herman es un complemento esencial de la palanca mediática de Pedro Baños. Explica el cómo funciona esa palanca a nivel estructural: no hace falta que un poder central ordene qué información publicar; el propio sistema de mercado filtra y moldea el contenido.
La conexión con otros artículos de la serie es inmediata:
- Con Bertrand de Jouvenel y la expansión del poder, porque los filtros del modelo de propaganda son el mecanismo mediante el cual el poder moldea el discurso público sin necesidad de coerción directa.
- Con Michel Foucault y la biopolítica, porque el modelo describe una forma de poder que no prohíbe, sino que produce consentimiento, moldeando subjetividades.
- Con el control mediante la deuda (Graeber, Lazzarato, Perkins), porque los filtros económicos (propiedad, publicidad) son los que más distorsionan la información.
- Con la vigilancia digital, porque el modelo de negocio de las plataformas digitales refuerza los filtros mediante la datificación y la personalización algorítmica.
FAQ
¿El modelo de propaganda implica que los periodistas son conscientes de estar manipulando?
No. El modelo describe filtros estructurales, no una conspiración consciente. La mayoría de los periodistas creen sinceramente en su independencia y objetividad. Los filtros operan a nivel del sistema: determinan quién es contratado, qué historias se cubren, qué fuentes se usan y qué presupuestos se asignan. Los periodistas individuales pueden tener la mejor intención, pero el sistema filtra sus resultados.
¿Sigue siendo relevante el modelo de propaganda hoy?
Sí, y varios académicos lo han actualizado. En 2009, los propios Chomsky y Herman añadieron que el quinto filtro (anticomunismo) había evolucionado hacia el «antiterrorismo». Autores como Klaehn (2009) y Mullen (2010) han argumentado que el modelo sigue siendo válido y que los cambios tecnológicos no han alterado su estructura fundamental, aunque han añadido nuevas capas de complejidad.
¿El modelo de propaganda solo se aplica a Estados Unidos?
Aunque fue desarrollado analizando los medios estadounidenses, el modelo se ha aplicado con éxito al estudio de medios en otros países. La estructura de propiedad, dependencia publicitaria y relación con fuentes oficiales es similar en la mayoría de las democracias capitalistas. Adaptaciones del modelo han analizado los medios en Reino Unido, Canadá, Australia y varios países europeos.
¿Qué diferencia hay entre el modelo de propaganda y la teoría de la hegemonía de Gramsci?
Ambos comparten la idea de que el poder se mantiene mediante el consenso más que mediante la coerción. Gramsci habla de hegemonía cultural: la clase dominante impone su visión del mundo como sentido común. El modelo de propaganda es más concreto y mecanicista: describe los cinco filtros específicos que producen ese consenso. Mientras Gramsci ofrece una teoría, Chomsky y Herman ofrecen una herramienta de análisis empírico.
Conclusión
El modelo de propaganda de Noam Chomsky y Edward Herman sigue siendo, casi cuatro décadas después de su publicación, una de las herramientas más poderosas para entender cómo opera el control informativo en las democracias capitalistas. Su fuerza radica en que no necesita invocar conspiraciones: demuestra que la distorsión informativa es un resultado estructural del sistema de mercado aplicado a la producción de noticias.
En un mundo donde la desinformación, las fake news y la polarización son temas centrales del debate público, comprender los cinco filtros del modelo de propaganda es más urgente que nunca. Porque la verdadera propaganda no es la que nos llega desde regímenes autoritarios lejanos: es la que fabrica nuestro consentimiento desde los medios que consumimos cada día.
En el próximo artículo de esta serie exploraremos la vigilancia digital —de Snowden a la datificación—, la otra cara del control informativo: no solo qué información se nos muestra, sino qué información sobre nosotros se recoge sin nuestro consentimiento.
📚 Libros relacionados
- Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media — Noam Chomsky y Edward S. Herman
- Los guardianes de la libertad — Noam Chomsky
- Understanding Power — Noam Chomsky
- La era del capitalismo de la vigilancia — Shoshana Zuboff
- Así se domina el mundo — Pedro Baños
- El poder — Bertrand de Jouvenel
Foto: Augusto Starita / Ministerio de Cultura de la Nación (CC BY-SA 2.0)