Palestina: ocupación, asentamientos y el control del territorio

Introducción

Si hay un lugar en el mundo donde el control del territorio se ha convertido en una ciencia aplicada, ese lugar es Palestina. Desde 1967, cuando Israel ocupó Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este y los Altos del Golán en la Guerra de los Seis Días, el territorio palestino ha sido sometido a un proceso sistemático de fragmentación, colonización y control que los organismos internacionales, incluida la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y Amnistía Internacional, han calificado como ilegal bajo el derecho internacional — y que Amnistía, Human Rights Watch y la propia CIJ han descrito como apartheid.

No se trata de un «conflicto» entre dos partes equivalentes, como a menudo se presenta en los medios. Se trata de una ocupación militar unilateral que ha durado más de medio siglo, respaldada por el poder militar, económico y diplomático de la mayor potencia del planeta. Es, en esencia, un laboratorio de control territorial donde las siete palancas de la dominación de Pedro Baños se despliegan simultáneamente.

El marco legal: ¿ocupación o anexión?

La ocupación israelí de los territorios palestinos comenzó en junio de 1967. Desde entonces, el derecho internacional ha sido inequívoco: el artículo 49 del Cuarto Convenio de Ginebra prohíbe explícitamente que una potencia ocupante transfiera población civil a los territorios que ocupa. Esta disposición no es una recomendación; es una norma que forma parte del derecho internacional humanitario y cuya violación constituye un crimen de guerra.

En 2004, la Corte Internacional de Justicia emitió una opinión consultiva declarando que el muro de separación construido por Israel dentro de Cisjordania era ilegal, al igual que los asentamientos. En febrero de 2024, la CIJ fue aún más lejos: en una opinión histórica, declaró que la ocupación israelí era ilegal en su conjunto y que Israel tenía «la obligación de cesar inmediatamente toda nueva actividad de asentamiento y de evacuar a todos los colonos» de los territorios ocupados.

Sin embargo, a pesar de las resoluciones de la ONU, los informes de Amnistía Internacional y las sentencias de la CIJ, los asentamientos no solo no se han detenido, sino que se han acelerado. En 2024, según un informe de la UE, el gobierno israelí «continuó profundizando el proyecto de asentamientos en el territorio palestino ocupado, avanzando planes que ponen en peligro el desarrollo palestino y la contigüidad territorial».

La razón es sencilla: el derecho internacional solo funciona cuando hay voluntad política de hacerlo cumplir. Y esa voluntad ha brillado por su ausencia, sobre todo por el veto sistemático de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU a cualquier resolución que imponga sanciones a Israel.

El sistema de asentamientos: colonización en tiempo real

Los asentamientos israelíes son el mecanismo central de control territorial en Cisjordania. No son barrios residenciales inocentes: son puestos avanzados de una potencia ocupante construidos sobre tierra confiscada a palestinos, conectados por una red de carreteras de uso exclusivo para colonos, y protegidos por el ejército israelí.

A fecha de 2023, existen 144 asentamientos oficiales en Cisjordania (12 de ellos en Jerusalén Este) y al menos 196 puestos de avanzada no autorizados pero tolerados por el gobierno israelí. En total, más de 450.000 colonos israelíes viven en Cisjordania (excluyendo Jerusalén Este), donde residen otros 220.000 colonos. A ellos se suman 25.000 colonos en los Altos del Golán sirios ocupados.

La población de colonos no ha dejado de crecer. En las últimas tres décadas, su número se ha multiplicado exponencialmente, duplicándose aproximadamente cada quince años. Este crecimiento no es espontáneo: responde a políticas deliberadas del gobierno israelí, que ofrece incentivos fiscales, subvenciones a la vivienda y otras ventajas a quienes se instalan en los territorios ocupados.

El mapa del control: Área A, B y C

Uno de los mecanismos de control más sofisticados es la división de Cisjordania en tres áreas tras los Acuerdos de Oslo (1993):

  • Área A (18% del territorio): Control administrativo y de seguridad palestino. En la práctica, son islas fragmentadas desconectadas entre sí.
  • Área B (22% del territorio): Control administrativo palestino, seguridad israelí.
  • Área C (60% del territorio): Control total israelí. Aquí se concentran todos los asentamientos, las carreteras de colonos, las reservas naturales y los recursos estratégicos como el agua.

Esta división no es neutral. El Área C contiene la mayoría de las tierras fértiles, los acuíferos y las conexiones entre ciudades palestinas. Al mantener el control total sobre el 60% del territorio, Israel decide dónde pueden construirse las ciudades palestinas, dónde pueden cultivarse las tierras y por dónde pueden circular los palestinos.

El resultado es una fragmentación deliberada: las ciudades palestinas son como archipiélagos separados por un mar de territorio controlado por Israel. Para ir de Ramala a Hebrón, un palestino debe atravesar múltiples checkpoints, desviarse por carreteras secundarias (las principales están reservadas para colonos) y someterse a un sistema de permisos que puede denegarse sin explicación.

El muro de separación: control físico y simbólico

En 2002, en plena Segunda Intifada, Israel comenzó a construir el llamado «muro de seguridad» o «valla de separación». En realidad, se trata de un sistema de barreras de 759 kilómetros de longitud que incluye un 90% de vallas electrificadas con sensores y un 10% de muros de hormigón de hasta 8 metros de altura.

El trazado del muro es revelador: no sigue la Línea Verde (la frontera anterior a 1967), sino que se adentra profundamente en territorio palestino, rodeando asentamientos y anexionando de facto grandes extensiones de tierra. La CIJ dictaminó en 2004 que el 85% del trazado discurre dentro de Cisjordania, no en la frontera. En lugar de separar Israel de Palestina, el muro separa a los palestinos de sus tierras.

El impacto humanitario es devastador: el muro aísla comunidades enteras, separa a los agricultores de sus campos, impide el acceso a hospitales y escuelas, y ha destruido la economía local. Según la ONU, el muro ha confiscado o aislado más del 10% del territorio de Cisjordania.

Checkpoints y control de movimiento

El sistema de control de la población palestina va mucho más allá del muro. En Cisjordania, el ejército israelí mantiene una red de más de 600 obstáculos al movimiento: checkpoints permanentes y temporales, barreras de carretera, montículos de tierra, puertas de hierro y túneles.

Según datos de OCHA (la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios), en 2023 existían 49 checkpoints permanentemente tripulados por fuerzas israelíes, 139 checkpoints ocasionalmente tripulados, y 304 barreras físicas adicionales. A esto se suman restricciones de acceso a la llamada «Banda de Gaza» (tierras agrícolas cerca de la frontera gazatí dentro de Cisjordania), zonas militares cerradas y reservas naturales declaradas unilateralmente.

El sistema de permisos es otra capa de control: los palestinos necesitan autorización militar israelí para casi todo: salir del país, viajar entre Cisjordania y Gaza, acceder a Jerusalén Este, trabajar en Israel o incluso trasladarse entre ciudades palestinas. Estos permisos pueden denegarse o revocarse arbitrariamente, sin necesidad de dar explicaciones.

Este no es un sistema de seguridad convencional. Es, como han documentado organizaciones de derechos humanos, un sistema de control burocrático que mantiene a la población palestina en un estado permanente de incertidumbre y dependencia.

El control del agua: sed como estrategia

Uno de los aspectos menos visibles pero más eficaces del control territorial es la gestión del agua. Los acuíferos de Cisjordania proporcionan aproximadamente un tercio del agua dulce de Israel. Sin embargo, el consumo de agua es radicalmente desigual.

Según datos de la ONU, un colono israelí consume entre cuatro y cinco veces más agua que un palestino de Cisjordania. Las piscinas de los asentamientos, los campos de golf y los jardines bien regados contrastan con los cortes de suministro en las ciudades palestinas, donde el agua corriente puede llegar solo unas horas al día.

El control israelí sobre el Área C implica que cualquier pozo, tubería o infraestructura hídrica palestina requiere permiso militar, permisos que sistemáticamente se deniegan. Mientras tanto, los asentamientos tienen acceso ilimitado al agua del mismo acuífero compartido, extraída a través de la empresa nacional de agua israelí, Mekorot.

La fragmentación territorial agrava el problema: las aldeas palestinas aisladas por el muro, los checkpoints o las carreteras de colonos suelen tener un acceso al agua mucho peor. No es una consecuencia accidental de la geografía, sino un resultado directo de las políticas de control territorial.

La Autoridad Palestina: ¿administración o colaboración?

Un elemento clave del sistema de control es la propia Autoridad Palestina (AP), creada por los Acuerdos de Oslo. En teoría, la AP es el gobierno autónomo palestino. En la práctica, funciona como una administración subordinada que gestiona los asuntos civiles de las islas palestinas (Áreas A y B) mientras Israel mantiene el control último sobre todo el territorio.

La AP carece de soberanía real: no controla sus fronteras, su espacio aéreo, sus recursos hídricos, su registro de población ni su censo de tierras. Depende de los ingresos aduaneros que Israel recauda en su nombre y que puede retener arbitrariamente como medida de presión (y lo ha hecho en múltiples ocasiones). Su fuerza de seguridad coordina con el ejército israelí. Su capacidad de acción política está limitada por la ocupación.

Algunos analistas describen la AP como un mecanismo de «tercerización del control»: Israel externaliza la gestión de la población palestina a una administración sin poder real, que absorbe el descontento y mantiene el orden, mientras Israel conserva el control estratégico del territorio, los recursos y la seguridad.

Gaza: el laboratorio del control total

Si Cisjordania es un ejemplo de microgestión del territorio, Gaza es el caso extremo de control mediante aislamiento. Desde que Hamás tomó el control en 2007, Israel impuso un bloqueo terrestre, marítimo y aéreo que la ONU ha calificado como castigo colectivo, una violación del derecho internacional humanitario.

El bloqueo controla todo lo que entra y sale de Gaza: alimentos, medicinas, materiales de construcción, combustible, personas. La población de 2,3 millones de personas está atrapada en lo que se ha llamado «la prisión a cielo abierto más grande del mundo».

La desproporción militar convierte cualquier escalada en una masacre. Los bombardeos israelíes sobre Gaza han destruido barrios enteros, hospitales, escuelas y universidades, en operaciones que organizaciones como Amnistía Internacional han documentado como posibles crímenes de guerra.

El control en Gaza es total en todos los sentidos: físico (el cerco), militar (los bombardeos), económico (el bloqueo impide la recuperación), demográfico (se limita el movimiento de personas) y mediático (el acceso de periodistas internacionales está muy restringido).

Conexión con la serie Geopolítica del Control

El caso palestino ilustra perfectamente la tesis central de nuestra serie: el poder se expande por naturaleza, como ya señaló Bertrand de Jouvenel, y cuando encuentra resistencia, despliega todas las palancas disponibles para imponerse.

En Palestina vemos aplicadas prácticamente todas las 7 palancas de la dominación de Pedro Baños:

  • Militar: Ocupación directa, ejército permanente en territorio ocupado, bombardeos, checkpoints.
  • Económica: Control de aduanas, agua, recursos, permisos de trabajo, bloqueo de Gaza.
  • Tecnológica: Sistema de vigilancia digital, cámaras, drones, reconocimiento facial en checkpoints, el sistema de control de población «Blue Wolf».
  • Diplomática: Veto de EE.UU. en la ONU, acuerdos de normalización (Abraham Accords), legitimación internacional.
  • Mediática: Narrativa de «conflicto» simétrico, acusaciones de antisemitismo contra críticos, lobby AIPAC.
  • Cultural: Normalización de la ocupación en el discurso público israelí y occidental.
  • Mental: La construcción del palestino como amenaza existencial, la deshumanización sistemática.

La colonialidad del poder de Aníbal Quijano se manifiesta aquí en su forma más pura: la ocupación militar no terminó cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo, sino que se adaptó, transformándose en un sistema de control más sofisticado que combina colonización directa, burocracia, tecnología y dependencia económica.

Y como nos enseñó David Graeber, la violencia estatal es la base de todo este sistema: los mercados, la economía y el «orden» en los territorios ocupados no existen a pesar de la ocupación, sino gracias a la violencia que la sostiene.

Este artículo continúa la línea del anterior sobre la creación de Israel como herramienta geopolítica. Si en aquel analizamos cómo se creó el Estado, aquí vemos cómo se ha utilizado durante más de medio siglo como instrumento de control regional. Ambos artículos, a su vez, se apoyan en el marco teórico del árbol de pensadores del control que hemos desarrollado en esta serie, desde Jouvenel y Graeber hasta Baños.

FAQ

¿Son legales los asentamientos israelíes según el derecho internacional?

No. El artículo 49 del Cuarto Convenio de Ginebra prohíbe que una potencia ocupante traslade población civil al territorio que ocupa. La Corte Internacional de Justicia, la ONU y la comunidad internacional consideran los asentamientos ilegales. En 2024, la CIJ dictaminó que la ocupación israelí en su conjunto es ilegal.

¿Cuántos colonos israelíes viven en territorios ocupados?

Más de 670.000 colonos en Cisjordania y Jerusalén Este (450.000 en Cisjordania excluyendo Jerusalén Este, más 220.000 en Jerusalén Este), además de 25.000 en los Altos del Golán sirios.

¿Cuál es la diferencia entre las áreas A, B y C de Cisjordania?

El Área A (18%) está bajo control palestino, el Área B (22%) tiene administración palestina pero seguridad israelí, y el Área C (60%) está bajo control total israelí. El Área C contiene todos los asentamientos, los recursos hídricos y las conexiones entre ciudades palestinas.

¿Qué dice la comunidad internacional sobre el muro de separación?

La Corte Internacional de Justicia dictaminó en 2004 que el muro es ilegal porque el 85% de su trazado discurre dentro de Cisjordania y no en la frontera. La Asamblea General de la ONU ha aprobado resoluciones exigiendo su derribo.

¿Es el sistema israelí un apartheid?

Sí, según Amnistía Internacional (2022), Human Rights Watch (2021) y la propia CIJ (2024), que han documentado que el sistema de control israelí sobre los territorios palestinos constituye apartheid bajo el derecho internacional, incluyendo la persecución por motivos de nacionalidad y etnia.

Conclusión

La ocupación palestina no es un conflicto más en el tablero mundial. Es el caso de estudio perfecto para entender cómo funciona el control territorial en el siglo XXI: mediante colonización directa, fragmentación geográfica, control burocrático, tecnología de vigilancia y una narrativa mediática cuidadosamente construida.

Lo que hace único al caso palestino es que todas estas técnicas se despliegan en un territorio muy pequeño, bajo la mirada del mundo entero, y aun así continúan impunemente durante más de cinco décadas. La ocupación de Palestina no es una anomalía: es un espejo donde se reflejan los mecanismos de control que operan, de formas más sutiles, en todo el planeta.

Para el movimiento global por la justicia, Palestina se ha convertido en la causa que define una generación. Para nosotros, en Geopolítica del Control, es la confirmación de que las siete palancas de la dominación no son una teoría abstracta: se aplican todos los días, sobre millones de personas, mientras el mundo mira.

En el próximo artículo de esta serie exploraremos el petrodólar: cómo el control del petróleo y la moneda global se convirtieron en el arma financiera que ha moldeado Oriente Medio durante las últimas cinco décadas.

📚 Libros relacionados

  • Palestina: Una historia de ocupación — Noam Chomsky e Ilan Pappé
  • La cuestión palestina — Edward Said
  • The Biggest Prison on Earth: A History of the Occupied Territories — Ilan Pappé
  • Israel’s Apartheid: A Beginner’s Guide — Ben White
  • La limpia etnográfica de Palestina — Ilan Pappé
  • The One-State Condition: Occupation and Democracy in Israel/Palestine — Ariella Azoulay y Adi Ophir



Imagen destacada: Mapa satelital de Jerusalén (2006) de la CIA, dominio público, via Wikimedia Commons.